De mi vida y de la vida, Uncategorized

Saber estar

Tengo esta fantasía de sentarme en las tardes en mi patio en las sillas blancas de jardín alado de los tecales escuchando a los azulejos y por supuesto viendo al sol caer. Las tardes en que tengo el tiempo y estoy en casa, pienso: ya sé cual va a ser mi plan del final de la tarde. Entre una cosa y otra se me olvida, o mejor dicho…lo evito. No sé estar. No sé estar sola, sentada, viendo el cielo y escuchando a los azulejos. Me impresiona que todavía me quiero ir a la Patagonia a un camino de seis días sola. No entiendo cómo voy a sobrevivir, sino sé estar.

Cuando estoy, viene cualquier cosa a mi mente, es ahí donde me acuerdo de todo lo pendiente, mi mente empieza a dar una clase de volteretas que no hay manera de tranquilizarla. Se me pasa el caer del sol, se van los azulejos a dormir y empiezan los mosquitos a echarme del patio. Se me acaba el tiempo de la fantasía, sin poder estar.

La verdad es que le echaba la culpa a la ansiedad, pero creo que va más allá. Ahora estoy segura que tiene que ver con la forma en que nos movemos en el mundo. Una vez alguien me dijo que meditar es estar en un solo lugar a la vez. Puedes meditar cocinando, puedes meditar tomándote una taza de café, puedes meditar hasta leyendo un libro; siempre y cuando solo hagamos eso y estemos en flow con eso. Hay un libro buenísimo sobre el tema, se llama: Flow: The Psychology of Optimal Experience. Más que nada, es entrar en sintonía con lo que hacemos, en mi caso poder estar sola solo escuchando a los pájaros y estando. Sin estar pensando mucho. Una clase de meditación. Me suena casi imposible, pero sé que se puede.

El punto de esto es que estamos en todo en todo momento. Mientras estoy manejando, me pongo a pensar en las cosas que se me olvidaron comprar en el súper o en las llamadas que tengo que hacer al llegar a casa. En vez de estar manejando. Lo mismo me pasa cuando me siento a cenar, me pongo a pensar que no llamé al técnico de la refrigeradora o de que mi hija necesita meriendas para la lonchera de mañana. Ni hablar de los semáforos y el chat. En verdad nos cuesta horrores hacer una cosa a la vez. Con razón no puedo sentarme tranquila en mi patio a respirar. Mi mente no para. Pero es pura contaminación, porque sí podemos y estoy segura que cuando lo logre voy a querer estar por el solo placer de estar.

 

 

 

 

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