De mi vida y de la vida, Uncategorized

Quitándome las máscaras

Hace un año y dos meses me di cuenta que estaba sufriendo depresión y ansiedad post parto. Me tomó un año darme cuenta de lo que me pasaba, decidí buscar ayuda de inmediato. Aunque nunca quise hacerle daño a mi hija, siempre me preguntaba cómo sería mi vida si ella no estuviera. Si nunca hubiese salido encinta. Esto es lo que hace la depresión, te saca a relucir los miedos, las verdades que nos aterran decir en voz alta, nos magnifica el lente de la percepción de los demás hacia nosotros; hace tantas cosas, que nos esconde de nosotros mismos.

¿Que cómo fue posible que me tomara tanto tiempo descubrirlo? Porque es un tabú. Ni los ginecólogos, ni los pediatras, ni las abuelitas, ni nadie te habla sobre esto. Yo me lo olía, pero estaba en negación. Yo podía superarlo sola, decía. Es algo tan serio y real que hace poco una mujer con cuatro meses post parto en Estados Unidos se quitó la vida porque la sentía muy pesada para ella. Y eso es lo que pasa. Uno siente y siente y siente, y no deja de sentir hasta que se hace un cargamento tan pesado que nos tumba.

No existen grupos de apoyo en Panamá, no se puede hablar de esto en redes sociales porque la sociedad panameña no esta lista para hablar de estar deprimida después de tener un hijo. Es clínico señores, no es inventado. Es real y pasa. A mi me pasó.

Por meses estuve atendiéndome por mi depresión post parto sin medicamentos; lástima que una vieja amiga se acercó a mi para no dejarme vivir. La ansiedad. Con la vida pasándome, la ansiedad me pegó la visita, acompañada de la infalible depresión. Tenía años de no verlas. Una vez más, era clínico. Esta vez, la ansiedad se plantó en forma de un desorden obsesivo compulsivo y ataques de pánico. Casi en todas las funciones de mi vida. Toqué fondo cuando me dio uno de estos ataques de pánico en una fiesta de cumpleaños a la que había llevado a Anna y de varios más en la esquina del piso de mi baño en posición fetal. Era muy divertido vivir conmigo, si no me creen pregúntenle a mi esposo. El nunca se aburría.

Decidí buscar ayuda más especializada y mi psicóloga me refirió a una psiquiatra. Luego de pasar por un micro ataque de ansiedad con la secretaria de la doctora en el teléfono (así se volvió mi vida), le dije que era urgente que me dieran una cita y que por mi salud y la de los míos, necesitaba ver a la doctora AYER.

Varios días pasaron, en lo que solo puedo describirlos como haber estado en un sueño despierta. Llegó el día de la cita y luego de dos largas horas de preguntas, respuestas, anécdotas, recuerdos, explicaciones sobre la serotonina y varias preguntas sobre si había pensando en quitarme la vida, mi diagnóstico psiquiátrico fue el siguiente: 1- depresión, 2- ansiedad generalizada y 3- desorden obsesivo compulsivo. Super completo, no? Siempre he dicho que cuando yo hago las cosas, I’m all in or all out. Las cosas son blancas o negras, el matiz de grises del medio me nublan la vista. Lexapro me ha hecho aceptar ese matiz de grises desde hace tres meses. La industria farmacéutica está llena de genios.

Sin salud mental no hay salud. El cerebro es un órgano más, nadie le niega a un paciente con diabetes la insulina o a una persona accidentada la fisioterapia.

Muchas veces las personas que parecieran que no necesitan ayuda, son las que más.

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