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Un post parto distinto

Leí por ahi que nada se pierde cuando uno es honesto, y cuando se pierde es porque realmente no era nuestro ni para nosotros.

Tengo muchas ganas de contar la historia de mi depresión post parto. Quiero contarla al mundo entero porque es algo que marcó mi vida de una forma tan profunda que todavía estoy curando las marcas, y creo que seguiré haciéndolo por muchos años más. Mi depresión hizo aflorar tantas emociones y muchos recuerdos de mi infancia. Me comenzó a destruir. A tirar abajo todos mis sueños y mis ideales.

Yo tenía 38 semanas de embarazo cuando mi médico decidió inducirme el parto por presión alta. Siempre pensé que iba a tener un parto natural, a vivir mis contracciones y a pujar como mi mamá pujó por mi. Después de unas horas, no habían cambios y mi presión arterial seguía subiendo, por lo que el doctor me habló de hacerme una cesárea. Mi bebé nació sana  gracias a la cesárea. Fueron muchas emociones juntas, desde mi deseo no cumplido de parir hasta la emoción en lágrimas de que mi bebé sorpresa fuera una niña.

La primera vez que la vi, no podía creerlo. Una persona salió de mi cuerpo, ¡qué locura!. Mi esposo y yo lloramos de alegría. Luego las hormonas hicieron su efecto y mis lágrimas eran de tristeza, arrepentimiento, confusión, soledad, presión social y todo lo que podría hacer llorar a una persona. Mi bebé estaba sana, hermosa y sana, ¿ya dije hermosa?. De verdad que era una bebé realmente bella. Anna, la llena de gracia.

Mis lágrimas no cesaban, cada vez que mi hija lloraba yo sentía como si un gato rasguñara un tablero. Cada vez que lloraba por algo, lo primero que sentía era miedo y frustración. Aunque nunca quise hacerle daño (síntoma común en la depresión post parto) si me imaginaba cómo sería mi vida sin ella, ahora que la conocía…¿cómo sería si se fuera? Por meses me llegó una culpa con la que no podía vivir. Me volví dependiente de la niñera y no quería pasar mucho tiempo con la bebé. Lo único que quería hacer era dormir.

Todo lo anterior, venía mezclado con visitas de familiares que no entendían qué me pasaba y con discusiones con mi esposo. Tomé muchas fotos de momentos lindos durante el día para no olvidarlos, una sonrisa genuina detrás de cada foto, y es que yo estaba feliz, pero a la vez muy triste. Era una rueda de emociones.

Pasó el segundo mes y seguía sintiéndome gris. Cansada y gris. Mi ginecólogo me dijo que mis hormonas ya debían estar estables y que dejara de tomar pastillas anticonceptivas para ver si eso ayudaba. Ayudó un poco, pero me preocupé de salir embarazada de nuevo y comencé a hablarle a mi esposo de una vasectomía. Nosotros ya sabíamos que no queríamos tener más hijos.

Fueron pasando los meses y me estabilicé un poco, comencé a trabajar y Anna pasó a la etapa de dormir toda la noche. Varios meses después, cuando mi hija tenía 8 meses, rompí a llorar en pleno desayuno con Iván, estaba leyendo una publicación en Revista Ellas sobre el parto humanizado y sobre las experiencias de diferentes mamás, al final todas tenían algo en común: hablaban de su experiencia como la mejor de todas, como algo que las llenó inmensamente, como algo que las completó. Estaban felices, o por lo menos así se veían en las fotos. Lo primero que pensé fue: “¿y a dónde están las mamás que esa experiencia no completó?, ¿a dónde están las mamás que no dejan de llorar?, ¿a dónde están las mamás con depresión post parto?”. Ahí lo supe, ahí me di cuenta que algo me pasaba y que no era normal. Luego me di cuenta que estaba equivocada.

Me tenía que atender con alguien, pero estaba tan avergonzada que lo primero que hice fue buscar en la web “psicólogos en Panamá” porque no quería ir a atenderme con nadie a quien pudiera conocer o encontrarme, para mi sorpresa encontré el contacto de una psicóloga de nacionalidad extranjera, que vivía en la ciudad de Panamá y me podía hacer terapia a distancia, ya que yo vivía en el interior.

La primera llamada a su teléfono fue algo así:

Psicóloga: Buenas tardes

Yo: Hola, estoy buscando a una psicóloga, quiero atenderme un tema y conversar con alguien. 

Psicóloga: Yo misma te puedo ayudar, cuéntame, ¿por qué te quieres atender?

Yo: Tengo depresión post parto y necesito hablar con alguien, pero no me gusta el psicoanálisis así que eso no por favor. (Aparte de que me estaba autodiagnosticando, le comencé a contar mi vida privada a una persona que ni siquiera conocía, ni sabía que era psicóloga de verdad). 

Psicóloga: Bueno, eso lo podemos ver luego. Hagamos una cita. 

El resto fue historia. Hicimos terapias presenciales, por Skype y por FaceTime. Mejoré muchísimo, me sentía más libre y más cómoda con mi hija. Anna crecía y pude comenzar a disfrutarle cada pasito, cada sonrisa, cada todo. Me enamoré de ella. La terapia me salvó. Salvó mi matrimonio, mi visión de la maternidad, la relación de madre e hija.

Así que sí, es normal, le pasa a muchas mujeres y hay un gran estigma en esto. Que yo sepa, no existe un grupo de apoyo para mujeres con depresión post parto en Panamá, no se habla de esto suficiente porque nadie quiere asustar a la mamá con un bebé recién nacido, pero es importante que sepan que esto puede sucederle a cualquiera y que no se debe confundir con los “baby blues” que duran las primeras 2 y 4 semanas post parto. Esas son las hormonas regresando a los niveles en que deben estar. La depresión post parto es clínica y seriamente peligrosa.

Señores ginecólogos, pediatras: por favor, pregúnteles a sus pacientes y a las mamás de sus pacientes cómo se sienten post parto. No acepten un “bien” como respuesta. Traten de hacer preguntas, elaboren. Detrás de un bebé de dos meses, pueden haber mamás pasándola mal. Por el bien de nuestros hijos, seamos responsables de nosotras mismas, para que nuestros hijos sean realmente felices tienen que aprenderlo de nosotras, primero debemos estar nosotras bien.

Quiero agradecerle al pediatra de mi hija por darme un abrazo cuando lo necesitaba, por estar pendiente y por decirme que yo me tenía que poner el salvavidas primero para poder estar bien para Anna. Gracias a mi ginecólogo por preguntarme cómo me sentía a mis dos meses post parto. Cuando les conté de buscar ayuda: “hay que hacer, lo que hay que hacer”; me dijeron.

 

 

 

 

 

 

 

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