DE LA COCINA

Mi papá hacía una salsa ragú para la pasta tan especial, que cada vez que pienso en cocinar el olor de la ragú de mi papá me llega a la memoria. Su mitad de Colón con la sazón picante y su otra mitad de Italia con lenta cocción hacían que esta receta llegara a la perfección; yo podía pasar horas frente a una mesa llena de comida, pero si sabía que la salsa estaba cocinándose, la esperaba.

Mi abuela materna era cubana y ¡ésa señora si sabía lo que era bueno! Todavía sigo su receta de frijoles negros y del puré de papas con un pedacito de otoe. Todo, pero todo lo que ella hacía sabía a gloria. Con ella aprendí a tomar café a los 6 años. Cada vez que iba a dormir a su casa, me desayunaba un vaso de leche con café. Sus huevos fritos, eran de lo mejor, la yema suave y la clara cocida, con los bordes sin quemar. Mi abuela vivió en muchos lugares, siempre pequeños, pero siempre tan llenos de un “no se qué” que me hacían regresar. No eran solo los huevos y los frijoles. Guardo con mucho cuido una receta escrita por ella unas semanas antes de mi boda. ¡Cómo extraño a la Tita Yoli!

Tengo de dónde sacar el amor por la cocina. Me encanta cocinarle a la gente que quiero y soy fiel creyente que una mesa con comida une. Hablemos de comida y de comer. Todo esto lo vas a encontrar en la categoría “De Recetas y De Comer”.

 

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